Un imaginario judío llamado Ishmael sube con su familia hacia Jerusalén desde Cafarnaúm evitando caminos de comerciantes gentiles y esquivando la ruta que obliga a pasar por Samaría, porque es lo más parecido a caminar con la camiseta equivocada frente al estadio un día de fútbol. La caravana lleva provisiones de comida y bebida suficientes para no tener que depender de la hospitalidad ajena, que en estos tiempos del rey Herodes o el Intruso Pilato es mucho más lo que se dice acerca de la generosidad del pueblo judío que lo que en realidad puede suceder en una oportunidad como esta. Es la fiesta de la Pascua, y como en toda fiesta, son más los que se apresuran a ubicarse en Jerusalén para engañar incautos que los que disponen su espíritu y su tiempo para ayudar a los peregrinos con los pormenores de la ubicación y el turismo en la ciudad santa. Como en toda celebración multitudinaria la Dirección de Prevención y Atención de Emergencias Romana ha dispuesto un centenar de soldados e...