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Mostrando entradas de mayo, 2020

Ya duerme dios (Lc 2, 6-7)

Ya despertarás Ya aprenderás a tomar en tus manos la leche y la miel Ya correrás por entre las piernas de todos en la caravana hacia la fiesta Ahora duerme.  Ya abrirás los ojos Ya harás los amigos con los que cantarás otras canciones Ya me pedirás que te muestre qué hay dónde la luz falta Ahora déjame arrullarte.  Ya te irás de aquí Ya abrirás camino para que los zagales que hoy ríen sean pastores de los que lloran Ya podrás repartir tu chocolate y tu pan a los que te escuchen con tanta hambre. Ahora vamos a arroparte. Ya harás nuevas todas las cosas Ya perdonarás lo imperdonable Ya cederás todos los puestos de la fila para ir uno por uno limpiando los pies de todos Ahora besaré tus manos aún intactas.  María mira al cielo, ya rasgado, y comprende que Yavé mismo está entre pajas, frente a sus ojos, y que toda la ayuda que hoy necesita, es que le canten una canción para dormir.

Grieta (2 Cor 5, 17-19)

Cuando Adán dió su último aliento Yahveh se acercó al viejo barro que había moldeado con sus propias manos y se quedó junto a él por un largo rato. Ahora era una tierra gastada, que despedía ese olor propio de la existencia humana: olor a ilusión y deseo, a frustración e inconformidad, a júbilo y miedo. No era el color de la tierra nueva de aquel día en que fue hecho. Ahora tenía tonos y matices adquiridos en el roce con la vida, en la fantasía de haber criado unos hijos, en la fiesta de haber amado una mujer, en la batalla de lograr el pan y en la satisfacción de masticarlo. No era la superficie lisa y por estrenar que alguna mañana recibió el soplo divino en medio del edén. Era una figura llena de pequeñas fisuras que jamás se repetirían en ningún otro ser humano, pues cada grieta era una huella de lo pensado, de lo elegido, de lo amado y lo perdido, porque cada línea en aquella tierra seca era una señal de esa autenticidad recibida en el mismo instante en que el barro cobró vida. Cu...