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Mostrando las entradas etiquetadas como Jesús

La carta de Baltasar (Mt 2, 1-12)

Mi amada Najma: Junto a cada letra de esta carta te envío paz y el deseo de que el suelo sea siempre generoso con tus pies. Te recuerdo en cada jornada de camino, Veo la línea de tu rostro en cada cada colina, y siento el aroma de tus manos en el aire que entrega cada flor que encuentro en este viaje. Había querido escribirte días atrás pero mis compañeros y yo tuvimos que cambiar la ruta por la que regresaremos y eso nos obligó a recorrer lugares nuevos y desconocidos a los que espero volver de tu mano. Tus ojos merecen ver lo que he visto. Desde que andaba con mi padre en las caravanas reales, aprendiendo de él las artes del consejo y la premonición, mis ojos se acostumbraron a la repetición y la rutina. Los hombres que dan órdenes o dirigen pueblos y ejércitos, los que acumulan más allá de lo que se puede disfrutar, los que retienen ideas, conceptos y tradiciones solo con el fin de embriagarse en su propia inteligencia, los arrogantes de la moral, que se usan a sí mismos como vara p...

En el grupo de Terapia (Mc 1,9)

El hombre no se veía particularmente imponente. Sí tenía un aire a esos señores que dicen cosas serias todo el tiempo, no necesariamente solemnes, pero sí de esas que en la mitad de una conversación pueden cortar el aire y enviar a todos a pensar por unos cuantos días. - Bienvenidos. Para quienes no me conocen mi nombre es Juan. Hace un tiempo coordino este grupo de terapia para personas que quieren superar adicciones. Un coro de voces entonó un uniformado y muy serio: - Hola Juan. Era un salón pequeño, sin mayores adornos en las paredes. Un cuadro de una mujer entrando en un río, un aviso junto a la puerta, con letras cortadas a mano en el que se leía “Hoy puede ser el último día de tu vieja vida” y, en la cortina de la ventana, lo que parecían ser trozos de papel con nombres, puestos allí con alfileres. - Qué bueno que estén hoy aquí. Sé que no es fácil cruzar esa puerta, no solo la primera vez, no, cada vez puede ser más difícil. Lo simple es pensar que no tenemos nada nuevo que apr...

Grieta (2 Cor 5, 17-19)

Cuando Adán dió su último aliento Yahveh se acercó al viejo barro que había moldeado con sus propias manos y se quedó junto a él por un largo rato. Ahora era una tierra gastada, que despedía ese olor propio de la existencia humana: olor a ilusión y deseo, a frustración e inconformidad, a júbilo y miedo. No era el color de la tierra nueva de aquel día en que fue hecho. Ahora tenía tonos y matices adquiridos en el roce con la vida, en la fantasía de haber criado unos hijos, en la fiesta de haber amado una mujer, en la batalla de lograr el pan y en la satisfacción de masticarlo. No era la superficie lisa y por estrenar que alguna mañana recibió el soplo divino en medio del edén. Era una figura llena de pequeñas fisuras que jamás se repetirían en ningún otro ser humano, pues cada grieta era una huella de lo pensado, de lo elegido, de lo amado y lo perdido, porque cada línea en aquella tierra seca era una señal de esa autenticidad recibida en el mismo instante en que el barro cobró vida. Cu...

Ahí está tu Corazón (Mc 10, 17-23)

Metió la llave despacio en la puerta, escuchando cada golpecito de las formas montañosas del metal contra los mecanismos de la cerradura, no porque no quisiera ser escuchado, como quien llega a su casa después del silencio de la noche y no quiere o no debe interrumpir el sueño de los que ya están dentro, sino precisamente por lo contrario, porque quería escuchar perfectamente cómo sonaba el proceso completo de abrir la puerta de par en par. Una vez la ranura había sido ocupada por completo, giró la muñeca con un seco placer de un solo golpe, y todos y cada uno de los espacios en sus pulmones se llenaron de un aire refrescante de orgullo, de satisfacción. Empujó la puerta sin aún mover ni un milímetro los pies y se quedó firme conquistando el espacio con su mirada. Apenas si tenía 25 años a punto de ser cumplidos y esta era la confirmación de que lo tenía todo. Era un martes, 8 de la noche, algunos de sus amigos y su novia le habían dicho que lo acompañarían en el momento en que fuera...

El más Amado de los Hermanos (Jn 19, 25-27 . 21, 1-25)

Desde lejos miró las cruces y sintió que se le oprimía el pecho, aún más que cuando su hermano se le sentaba encima y se movía bruscamente para demostrarle que por más peso o movimiento, las barcas de su padre no se hundían. Esta barca, en cambio, si parecía hundirse, y su capitán con ella. Jesús colgaba indefenso de un madero y agonizaba, y con sus últimos esfuerzos pedía a su Padre que no mirara a quienes le hacían esto porque todos estaban cegados de egoísmo y ninguno de ellos sabía lo que hacía. Ni él mismo sabía exactamente por qué había llegado a esconderse allí. Lo que recordaba bien era cómo había llegado, corriendo mientras se camuflaba entre la multitud desde la que alguien pareció reconocerlo como uno de los discípulos del hombre que precedía aquella turba histérica. ¡Corre! Escuchó, miró con atención y entre los hombres que empezaban a recoger piedras del suelo para lapidarlo vio los mismos ojos soñadores que encontró aquella mañana a orillas del lago de Galilea, esta vez a...

Nota Suicida de Judas Iscariote (Mt 26, 14.25.47 . 27, 3-5)

Me voy. Debo dejar este lugar en el que no hay respuestas, y en el que sólo he causado problemas. No creo que alguien vaya a extrañarme, no creo que le haga falta a nadie. No sé ni siquiera cuanto tiempo pueda pasar antes de que encuentren mi cuerpo. Después de lo que hice no creo que nadie tenga ganas de venir a visitarme. Estoy cansado, estoy rendido, y no hay salida, o mejor, ésta parece ser la única salida. Yo que durante este tiempo quise creer, quise tener esperanzas, quise ser útil. La verdad es que, al igual que los demás, no tenía claro lo que estábamos haciendo… Pero seguía, permanecí, nadie puede culparme de haber dejado todo tirado, hasta hoy. Cuando salí de mi casa hace 3 años yo pensaba que había descubierto las respuestas a todo, que iba a saber perfectamente quién era, qué quería, qué podía hacer, pero mientras andábamos por las calles o de pueblo en pueblo, lo que iba creciendo en mí, era temor, rabia, angustia, otros eran los importantes, otros e...

La Viuda (Lc 7, 11-15)

El agua que llena el vaso ha recorrido varios kilómetros de distancia y se ha ido preparando en las entrañas de la tierra desde hace cientos de años. Todas las aguas al final vienen del cielo, o de entre la tierra. Son, como la vida, un regalo. En cuanto el agua entra en contacto con los labios, Alejandro abre los ojos, respira, bebe muy despacio, siente que el frío líquido que entra en su boca es un emocionado intruso que le regala todas las fuerzas para respirar. No respira para vivir, su vida está garantizada más allá del aire que entre o salga de sus pulmones, respira para poder hablar, y todos frente a él quieren que hable. Una mano temblorosa regresa el vaso al lavaplatos, camina despacio, en pleno estrés post-traumático, los ojos parecen ojos de ciego, fijos, perdidos, mirando hacia las cosas pero sin mirar las cosas, como quien intenta encontrar la figura escondida en un afiche en 3D. Mira al muchacho, siguen las manos temblando y empiezan a contagiar las muñecas, los brazo...