Me voy.
Debo dejar este
lugar en el que no hay respuestas, y en el que sólo he causado problemas.
No creo que
alguien vaya a extrañarme, no creo que le haga falta a nadie.
No sé ni
siquiera cuanto tiempo pueda pasar antes de que encuentren mi cuerpo. Después
de lo que hice no creo que nadie tenga ganas de venir a visitarme.
Estoy cansado,
estoy rendido, y no hay salida, o mejor, ésta parece ser la única salida.
Yo que durante
este tiempo quise creer, quise tener esperanzas, quise ser útil.
La verdad es
que, al igual que los demás, no tenía claro lo que estábamos haciendo…
Pero seguía,
permanecí, nadie puede culparme de haber dejado todo tirado, hasta hoy.
Cuando salí de
mi casa hace 3 años yo pensaba que había descubierto las respuestas a todo, que
iba a saber perfectamente quién era, qué quería, qué podía hacer, pero mientras
andábamos por las calles o de pueblo en pueblo, lo que iba creciendo en mí, era
temor, rabia, angustia, otros eran los importantes, otros eran los preferidos,
otros eran los que estaban despiertos y atentos, yo en cambio siempre tenía
dudas o me distraía, o siempre pensaba hacer las cosas de otra manera, siempre
creía que estaban equivocados, pero el equivocado era yo.
No puedo ni
escribir como me siento.
No puedo ni
siquiera saber quién va a leer lo que estoy escribiendo.
Lo que quiero
decir es que en el mundo no hay suficiente perdón para toda la crueldad que vemos.
Que no hay
excusas para los que toman las intenciones de los demás y las transforman en
pretextos para dañar, para destruir, para hacer lo que les da la gana, sin
importar a quien terminen dejando en el piso.
Que he
encontrado el punto en el que se acaban las razones, la motivación, las ganas
de respirar, las ilusiones, y se pierde cualquier semilla de esperanza.
Hoy pienso en lo
que hubiera pasado si me hubiera quedado en mi casa, si no me hubiera ido, si
no hubiera salido corriendo detrás de Él, con sus palabras, con sus promesas,
que al principio sonaban tan cálidas, tan alegres, tan llenas de entusiasmo y
de valentía, pero que con el tiempo se fueron haciendo tan difíciles de
comprender. Tal vez de no haber dejado todo hoy tendría una vida normal, un par
de hijos, una mujer que quisiera mirarme, besarme, y estaría de pié, con mis
rabias, con mis inconformidades, pero de pie.
Hoy estoy
derrumbado, sin vida.
Sólo quiero
decir, por si a alguien le llegara a interesar, por qué lo hice.
Por qué lo entregué
en manos de quienes lo buscaban:
No le creí.
Se desvanecieron
sus palabras, sus miradas.
Las ilusiones del
comienzo se hicieron decepciones, frustración, incomprensión.
¿Cómo podía ser
posible que insistiera en el perdón a quienes venían buscando matarnos desde
hacía varios meses? ¿Cómo nos pedía que pusiéramos la otra mejilla ante los que
de sinagoga en sinagoga tomaban piedras y las lanzaban contra nosotros mientras
que teníamos que correr como mendigos avergonzados?
¿Cómo se atreve
a lavarnos los pies? ¿Qué clase de enviado de dios pierde toda dignidad y no
entiende lo mal que pueden verse y entenderse todos sus actos? ¿Es que acaso dios
vive de rodillas ante nosotros?
¡Cobardes ellos!
¡Cobardes todos! Que no hicieron nada, aunque murmuraban, que no tomaron la
palabra, que no tuvieron iniciativa, que no fueron capaces de decir que no
estaban de acuerdo.
Y sus
preferencias, ¿qué no lo habíamos dejado todo por él, todos los que estábamos
con él? Pero siempre guardando secretos con los mismos, y luego metiéndonos en
la cabeza que no teníamos que preocuparnos por quién era importante.
Sin embargo, yo
me equivoqué.
Nunca se alcanza
a ser consciente de lo que puede pasar con cada sencilla decisión que se toma.
Vivimos en un
mundo indecente, cínico, que aprovecha hasta las mejores intenciones para
convertirlas en burla, en provecho personal.
Lo vi en la
mirada de esos ancianos, cuando pactamos que lo pondría en sus manos. Para
ellos nada de esto era importante, para ellos ningún hombre de dios tiene nombre,
ninguna mujer de dios tiene historia, sólo les importa poder pisar a alguien,
poder mostrar su poder, poder decir que son ellos los que deciden qué es lo que
dios decide.
Yo quería que
hablaran con él, que pudiera decirles lo que pensaba, que pudiéramos discutir
de tú a tú con todos los que se han inventado esta religión mentirosa, ¿no era
eso lo que veníamos haciendo? Pero ellos se aprovecharon de su debilidad, y
llegaron con sus armas, y con su oscuridad, y lo torturaron.
¿Cómo puedo
soportar que le arranquen la vida por mi culpa?
¿Cómo puedo
soportar esta traición?
No quiero salir
a la calle y que me miren sabiendo que fui yo quién se lo entregó.
Nadie podría
comprender…
Ni yo comprendo…
¿Tenía razón
acaso, cuando dijo que hay que orar por los que nos persiguen?
¿Para qué, para
que sean más fuertes? ¿Para que den mejores golpes?¿Para que puedan
aprovecharse mejor de todos los que son pobres, o enfermos, o débiles o
indefensos?
¿Para que puedan
reír mientras que los demás lloramos?
¿Tenía razón
cuando nos decía que no iba a vengarse, a organizar una rebelión, que no iba a
intentar sacar a los invasores de nuestra tierra?¿Qué clase de dios anuncia
alguien que no le importa que se respete al pueblo que dios ha elegido?
Todo lo veo
borroso
Todo lo recuerdo
como si hubiera sido un sueño.
Ya no recuerdo
más que mi soledad y mi tristeza de los últimos días…
Sintiendo que él
estaba tan lejos, que ya no nos entendíamos, que un abismo se abría entre lo
que él decía y lo que yo creía.
Y lo entregué.
Lo traicioné…
Y haciéndolo me
entregué y me traicioné a mí mismo.
Porque yo creí
que iba a poder vivir después de hacerlo…
Cómo esos que
acaban con la vida de alguien más creyendo que al día siguiente todo va a
seguir como si nada, y no entienden que a sí mismos se han estado asesinando.
Que un día van a
mirar su reflejo en el agua y no van a reconocerse, y tendrán que convencerse
de que ese nuevo rostro es el suyo, y seguir viviendo así, hasta terminar, como
siempre que se mata, muriendo de la peor manera.
Ésta es mi manera.
Ya la cuerda
está puesta, ya el alma se puso en ella…
En realidad ya
estoy muerto, sólo hace falta dejarlo atestiguado en un cuerpo que cuelgue,
como colgó el suyo.
Sólo que mi
muerte, como yo, será inútil.
Judas “El Iscariote”
(Fragmento del libro: Felicidad comienza con Fe)
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