Ir al contenido principal

Nota Suicida de Judas Iscariote (Mt 26, 14.25.47 . 27, 3-5)


Me voy.
Debo dejar este lugar en el que no hay respuestas, y en el que sólo he causado problemas.
No creo que alguien vaya a extrañarme, no creo que le haga falta a nadie.
No sé ni siquiera cuanto tiempo pueda pasar antes de que encuentren mi cuerpo. Después de lo que hice no creo que nadie tenga ganas de venir a visitarme.
Estoy cansado, estoy rendido, y no hay salida, o mejor, ésta parece ser la única salida.
Yo que durante este tiempo quise creer, quise tener esperanzas, quise ser útil.
La verdad es que, al igual que los demás, no tenía claro lo que estábamos haciendo…

Pero seguía, permanecí, nadie puede culparme de haber dejado todo tirado, hasta hoy.

Cuando salí de mi casa hace 3 años yo pensaba que había descubierto las respuestas a todo, que iba a saber perfectamente quién era, qué quería, qué podía hacer, pero mientras andábamos por las calles o de pueblo en pueblo, lo que iba creciendo en mí, era temor, rabia, angustia, otros eran los importantes, otros eran los preferidos, otros eran los que estaban despiertos y atentos, yo en cambio siempre tenía dudas o me distraía, o siempre pensaba hacer las cosas de otra manera, siempre creía que estaban equivocados, pero el equivocado era yo.

No puedo ni escribir como me siento.
No puedo ni siquiera saber quién va a leer lo que estoy escribiendo.
Lo que quiero decir es que en el mundo no hay suficiente perdón para toda la crueldad que vemos.
Que no hay excusas para los que toman las intenciones de los demás y las transforman en pretextos para dañar, para destruir, para hacer lo que les da la gana, sin importar a quien terminen dejando en el piso.
Que he encontrado el punto en el que se acaban las razones, la motivación, las ganas de respirar, las ilusiones, y se pierde cualquier semilla de esperanza.

Hoy pienso en lo que hubiera pasado si me hubiera quedado en mi casa, si no me hubiera ido, si no hubiera salido corriendo detrás de Él, con sus palabras, con sus promesas, que al principio sonaban tan cálidas, tan alegres, tan llenas de entusiasmo y de valentía, pero que con el tiempo se fueron haciendo tan difíciles de comprender. Tal vez de no haber dejado todo hoy tendría una vida normal, un par de hijos, una mujer que quisiera mirarme, besarme, y estaría de pié, con mis rabias, con mis inconformidades, pero de pie.
Hoy estoy derrumbado, sin vida.

Sólo quiero decir, por si a alguien le llegara a interesar, por qué lo hice.
Por qué lo entregué en manos de quienes lo buscaban:
No le creí.
Se desvanecieron sus palabras, sus miradas.
Las ilusiones del comienzo se hicieron decepciones, frustración, incomprensión.
¿Cómo podía ser posible que insistiera en el perdón a quienes venían buscando matarnos desde hacía varios meses? ¿Cómo nos pedía que pusiéramos la otra mejilla ante los que de sinagoga en sinagoga tomaban piedras y las lanzaban contra nosotros mientras que teníamos que correr como mendigos avergonzados?
¿Cómo se atreve a lavarnos los pies? ¿Qué clase de enviado de dios pierde toda dignidad y no entiende lo mal que pueden verse y entenderse todos sus actos? ¿Es que acaso dios vive de rodillas ante nosotros?
¡Cobardes ellos! ¡Cobardes todos! Que no hicieron nada, aunque murmuraban, que no tomaron la palabra, que no tuvieron iniciativa, que no fueron capaces de decir que no estaban de acuerdo.
Y sus preferencias, ¿qué no lo habíamos dejado todo por él, todos los que estábamos con él? Pero siempre guardando secretos con los mismos, y luego metiéndonos en la cabeza que no teníamos que preocuparnos por quién era importante.

Sin embargo, yo me equivoqué.

Nunca se alcanza a ser consciente de lo que puede pasar con cada sencilla decisión que se toma.
Vivimos en un mundo indecente, cínico, que aprovecha hasta las mejores intenciones para convertirlas en burla, en provecho personal.
Lo vi en la mirada de esos ancianos, cuando pactamos que lo pondría en sus manos. Para ellos nada de esto era importante, para ellos ningún hombre de dios tiene nombre, ninguna mujer de dios tiene historia, sólo les importa poder pisar a alguien, poder mostrar su poder, poder decir que son ellos los que deciden qué es lo que dios decide.
Yo quería que hablaran con él, que pudiera decirles lo que pensaba, que pudiéramos discutir de tú a tú con todos los que se han inventado esta religión mentirosa, ¿no era eso lo que veníamos haciendo? Pero ellos se aprovecharon de su debilidad, y llegaron con sus armas, y con su oscuridad, y lo torturaron.
¿Cómo puedo soportar que le arranquen la vida por mi culpa?
¿Cómo puedo soportar esta traición?
No quiero salir a la calle y que me miren sabiendo que fui yo quién se lo entregó.
Nadie podría comprender…
Ni yo comprendo…
¿Tenía razón acaso, cuando dijo que hay que orar por los que nos persiguen?
¿Para qué, para que sean más fuertes? ¿Para que den mejores golpes?¿Para que puedan aprovecharse mejor de todos los que son pobres, o enfermos, o débiles o indefensos?
¿Para que puedan reír mientras que los demás lloramos?
¿Tenía razón cuando nos decía que no iba a vengarse, a organizar una rebelión, que no iba a intentar sacar a los invasores de nuestra tierra?¿Qué clase de dios anuncia alguien que no le importa que se respete al pueblo que dios ha elegido?
Todo lo veo borroso
Todo lo recuerdo como si hubiera sido un sueño.
Ya no recuerdo más que mi soledad y mi tristeza de los últimos días…
Sintiendo que él estaba tan lejos, que ya no nos entendíamos, que un abismo se abría entre lo que él decía y lo que yo creía.
Y lo entregué.
Lo traicioné…
Y haciéndolo me entregué y me traicioné a mí mismo.
Porque yo creí que iba a poder vivir después de hacerlo…
Cómo esos que acaban con la vida de alguien más creyendo que al día siguiente todo va a seguir como si nada, y no entienden que a sí mismos se han estado asesinando.
Que un día van a mirar su reflejo en el agua y no van a reconocerse, y tendrán que convencerse de que ese nuevo rostro es el suyo, y seguir viviendo así, hasta terminar, como siempre que se mata, muriendo de la peor manera.
Ésta es mi manera.
Ya la cuerda está puesta, ya el alma se puso en ella…
En realidad ya estoy muerto, sólo hace falta dejarlo atestiguado en un cuerpo que cuelgue, como colgó el suyo.
Sólo que mi muerte, como yo, será inútil.
Judas “El Iscariote”

(Fragmento del libro: Felicidad comienza con Fe)

Comentarios

Entradas populares de este blog

Orden Ejecutiva (Mc 4, 35-41)

El 31 de enero de 2026 Finda irá a misa por ser el día de santo de su amigo Bosco Arévalo, que no fue llamado así por el santo Juan, sino por el rudo personaje de 'Los Magníficos', pero nombre es nombre y día de santo es día de santo. Será la tercera o cuarta vez en sus veinticuatro años de existencia que sus rodillas se doblen en un templo de la religión católica, sin intención de devoción ni solemnidad, sino por el efecto acústico de la voz de su madre que le repite cada cierto tiempo en su cabeza que la mejor forma de evitar ser juzgado por extraños es imitándolos. Lo que sí hará por devoción, como cada mañana desde que pise el improvisado campamento para sobrevivientes en Boca de Cupe, será la oración sunita de protección contra los enemigos, que no es necesariamente la que corresponde a la salida del sol pero es la que usó repetidas veces la primera vez que intentó salir de Sierra Leona, después de aquella temporada de mareas en las que el océano se tragó la mitad de Nyang...

La carta de Baltasar (Mt 2, 1-12)

Mi amada Najma: Junto a cada letra de esta carta te envío paz y el deseo de que el suelo sea siempre generoso con tus pies. Te recuerdo en cada jornada de camino, Veo la línea de tu rostro en cada cada colina, y siento el aroma de tus manos en el aire que entrega cada flor que encuentro en este viaje. Había querido escribirte días atrás pero mis compañeros y yo tuvimos que cambiar la ruta por la que regresaremos y eso nos obligó a recorrer lugares nuevos y desconocidos a los que espero volver de tu mano. Tus ojos merecen ver lo que he visto. Desde que andaba con mi padre en las caravanas reales, aprendiendo de él las artes del consejo y la premonición, mis ojos se acostumbraron a la repetición y la rutina. Los hombres que dan órdenes o dirigen pueblos y ejércitos, los que acumulan más allá de lo que se puede disfrutar, los que retienen ideas, conceptos y tradiciones solo con el fin de embriagarse en su propia inteligencia, los arrogantes de la moral, que se usan a sí mismos como vara p...

El otro Gabriel de la Navidad (Lc 2, 1-20)

No son mías. Ni estas ovejas que cuento para poder dormir, ni esas estrellas que cuento para poder soñar. A mí no me tocó la parte de la vida en la que uno tiene, sino esa otra en la que uno cuida lo que tienen otros. Por aquí la única alegría es mantenerse rodeado de animales – que siempre se sabe cómo son – porque cuando hay que ir al pueblo a rodearse de personas, ni me miran, ni me escuchan, y éstas manos hace rato no saben lo que es un saludo porque a nosotros la impureza no nos la quitan ni bañándonos siete veces en el Jordán. Ese era su libreto, su consigna, que repetía una y otra vez para intentar justificar su insatisfacción, su sequedad. Pastor como su padre, como el padre de su padre y como todos esos ancestros de los que no sabremos nunca el nombre y que pasaron su vida entre ovejas y cabritos, Gabriel no era lo que podríamos llamar un hombre amargado, era más bien un hombre incompleto. O más precisamente, un hombre con una profunda sensación de incompletitud, una que ni K...