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Siete vueltas alrededor de la Cancha (Josué)

Entrevista exclusiva con Josué Núñez, el joven capitán de la selección nacional de fútbol que logró coronar el campeonato mundial después de 40 años sin haber podido clasificar.

La imagen de Josué Núñez alzando la copa del campeonato mundial de fútbol le ha dado la vuelta al mundo y lo ha convertido ya en una figura mítica, que sin duda pasará a la historia como el capitán más joven que alguna vez haya alzado el codiciado trofeo y como el verdadero líder de un equipo que sufrió la pérdida de su entrenador apenas unos meses antes de iniciar el campeonato.
Esta es la primera entrevista que ha dado el joven deportista en la que ha demostrado que tiene mucho de qué hablar, sobre lo que sucede en cada 90 minutos.

Josué es un muchacho, no se puede decir todavía que ya es un hombre, sus facciones tienen el reflejo de quien ha tenido que sacrificar mucho para llegar donde está. No tiene esa piel intacta de aquellos a los que todo les ha sido puesto en el camino y sólo debe tomarlo, al contrario, este chico tiene manos y piel de hombre de tierra, que bien parece que podría haber estado agarrando azadones, picas y palas y no jugando fútbol desde hace tanto tiempo. Cuando habla de su historia y cuando habla inevitablemente de cada lucha sobre el terreno de juego sus ojos se iluminan como si estuviera contando una historia fantástica de la que fue testigo y no protagonista. Pero lo fue, y cómo pocos en la historia que han logrado derrotar a los mejores y los más grandes, tenemos ante nosotros a un verdadero guerrero, un joven valiente hasta el extremo, pero sobre todo, un permanente aprendiz.

-          Comencemos por el principio: ¿En dónde naciste?
JN: En un pequeño caserío de la serranía de Macuira, junto al parque Natural, muy cerca del desierto de la guajira.
-          ¿Cómo fue crecer en un caserío, con toda esa naturaleza a tu alrededor y en constante contacto con las comunidades indígenas?
JN: Algo maravilloso, nadie puede imaginarse lo que significa crecer en un lugar donde a 45 minutos caminando puedes encontrar sitios que nadie ha pisado nunca y que tienen los paisajes más impresionantes, y donde todas las personas te tratan como si fueras de su familia. Mis papás no pertenecían a ese sector, simplemente estaban allí de paso, pero la comunidad los recibió como si fueran uno más, y cuando mi madre quedó embarazada, eran muchas las personas que los visitaban todo el tiempo para asegurarse de que todo estuviera en orden, ella siempre decía que no sintió la angustia de no contar con los médicos especialistas y los mejores obstetras para cuidar su embarazo porque tenía a todo un pueblo de increíble sabiduría cuidando de ella, y de mí.
-          ¿Quién era y qué hacía tu Padre?
JN: Mi padre se llamaba Gabriel Núñez y era Ingeniero. Trabajó desde muy joven en empresas dedicadas a la explotación minera y cuando tenía 35 años le ofrecieron un trabajo con una empresa que manejaba que exploraba terrenos para la mina de carbón del Cerrejón, en la guajira, allí conoció a mi Madre.
-          ­¿Quién era y qué hacía tu Madre?
JN: Mi Madre se llamaba Alicia Mendoza y durante toda su vida fue profesora de primaria, ella vivió en Santander hasta los 22 años, luego empezó a trabajar en escuelas de comunidades indígenas, cada 5 años buscaba otra escuela y partía para otro lugar, siempre con etnias diferentes, hasta que llegó a la Guajira, allá conoció a mi padre y decidió establecerse en un solo lugar.
-          ¿Cómo empezaste a jugar fútbol?
JN: Como todos los niños, pateando juguetes en la entrada de la casa, se armaban partidos entre los niños del caserío por las tardes de los sábados, las niñas también jugaban, siempre le pedí a mi papá que me regalara un balón nuevo, pero él nunca quiso dármelo porque en el pueblo habían 3 balones en la escuela, y esos eran los que nos prestaban para jugar, él pensó que era mejor así, y no que yo fuera dueño de un balón para que después alguien empezara a tenerme envidia o algo así. Esa lección me quedó para toda la vida, nunca he creído que un balón sea mío, siempre pienso que hay que ver quién puede utilizarlo mejor en cada instante, y eso me lo enseñó en aquél momento mi papá. Luego cuando llegó la hora de entrar al colegio a hacer bachillerato, mi padre pidió un traslado a Santa Marta y mi madre consiguió un trabajo en un colegio público para ser coordinadora de disciplina, yo entré a estudiar y en el colegio conocí al profe Ramiro Moisés Álvarez, con quién estuve jugando hasta el día que murió.
-          El profe “Moiche” como se conoció luego a nivel nacional e internacional, fue una persona muy importante para tu vida, supongo que no sólo a nivel deportivo, sino personal, ¿qué nos puedes contar de tu relación con él?
JN: Mire, cuando yo conocí al “Moiche” yo era muy joven, apenas estaba en séptimo grado en el colegio, y estaba conociendo la ciudad, yo venía de un pueblo, y aunque mis padres siempre intentaron contarme como eran las cosas fuera de la guajira, todo es distinto cuando uno cruza ese desierto y se encuentra con todo esto, la gente, los edificios, la moda, y la primera reacción es empezar a imitar todo lo que hacen los demás, querer parecerse a ellos, incluso llegando a pelear con mis papás porque seguíamos viviendo como si estuviéramos en la casita de Macuira, entonces una vez yo andaba todo aburrido y me senté junto al campo de fútbol a ver un entrenamiento, y me puse a llorar, en esos días Moiche era uno de los profesores de deportes, y él se sentó a hablar conmigo, me preguntó por mi familia, y me llevó a la casa, cuando se despidió le dijo a mi papá “Ingeniero, ese pelao tiene mucho tiempo libre y por eso anda con tanta pendejada en la cabeza, ¿por qué no me lo deja unas tardes y yo lo entreno con el resto?”, y así fue como empecé con el fútbol, ya no a jugar, sino a entrenar, que son dos cosas muy diferentes, porque cuando uno juega es sólo para divertirse, en cambio cuando entrena es porque sabe que se va a enfrentar a alguien que juega igual o mejor que uno.
-          Luego de esos inicios, ¿Por qué seguiste jugando fútbol y entrenando con el profe Moisés, que no era alguien muy reconocido ni había sido aceptado por los equipos profesionales?
JN: Primero le contesto lo del profe y luego ya usted va a entender lo del fútbol. Yo le insistí a mi familia que me dejaran entrenar en los equipos del Moiche porque era la única persona que se preocupaba verdaderamente por nosotros y por nuestras familias, él siempre decía que había dos clases de jugadores de fútbol, los que ganan para vivir y los que ganan para ir a matarse. Y eso lo veíamos todo el tiempo con muchos de los profesionales, que apenas lograban algo de fama ya estaban metidos en escándalos, o se volvían adictos a alguna vaina o los echaban de los equipos porque se ponían insoportables. En cambio unos pocos, se dedicaban a construir un futuro para ellos, para sus familias, y no olvidaban los lugares de los que habían salido, se ponían a ayudar en las escuelas, en sus barrios, esos son los que “ganan para vivir”. Entonces cuando uno ha crecido con gente tan buena y tan llena de principios como los de la comunidad allá en la guajira, y cuando uno tiene padres que no andan pendientes de cómo le demuestran la vecino lo que se están ganando, encontrar a un personaje así, con esas ideas, hace que uno quiera aprender mucho más, además porque él había sido un gran jugador de fútbol, que nunca fue demasiado importante porque era muy tímido y le costaba hablar con la gente, le tenía miedo a los periodistas, pero no pasaba un entrenamiento en que no nos dijera que teníamos que ser mejores hijos que jugadores, que los mejores goles se los teníamos que hacer a nuestros propios defectos y que la mejor defensa era nunca dejar que nos llenáramos de envidia, de rabia o de orgullo ni dentro ni fuera de la cancha.
-          ¿Cuál fue tu primer partido como capitán de un equipo dirigido por Moiche?
JN: Hace unos 12 años el profe nos inscribió a un campeonato de empresas de unos 5 departamentos, fue la primera vez que nuestro equipo iba a tener una participación en algo más allá de la cancha donde entrenábamos, y el segundo partido fue contra una empresa de metales llamada AMALEC, nuestro capitán se había lesionado en un entrenamiento, y el director de nuestra escuela deportiva le dijo a Moiche que yo debía reemplazarlo, que ya estaba listo, que me animara y me recordara que era sólo cuestión de fuerza y valentía, fuerza para unir a las once personas y valentía para enfrentar al equipo contrario sin dudar de lo que sabemos hacer.
-          Esas dos palabras aparecen ahora en la camiseta de la selección nacional, ¿por qué?
JN: Esas dos palabras fueron de ahí en adelante la consigna de todos los momentos en los camerinos antes de salir a la cancha, Fuerza y Valentía. Cuando resultamos invictos en ese campeonato, a Moiche lo llamaron como entrenador de la selección del departamento, y en 3 torneos seguidos terminamos siendo campeones e invictos, eso es algo que nunca se había visto, entonces todo el país supo que Moiche era la única persona que podía dirigir una selección nacional y llevarla de nuevo a ese sueño que teníamos todos, que era vivir un campeonato mundial, pero no era sólo una cuestión de resultados, es que los que estábamos allí nunca dejamos de aprender cosas, con él no se trataba de palabras, cuando decía que tenía que ser fuerte, seguían pruebas muy duras a nivel deportivo y personal, para que fuéramos capaces de probar nuestra fuerza, teníamos que tener las mejores calificaciones en nuestros estuDios, o quedábamos en la banca hasta demostrar lo contrario, nosotros mismos nos encargábamos de que nuestras familias nos dieran recomendaciones para permanecer en el equipo, hasta los que tenían novia debían mostrar que andaban en relaciones de verdad y con algo serio y no que estaban haciéndole perder el tiempo alguna muchacha, porque eso no demostraba verdadera valentía. “los valientes, decía el profe, son los que ganan todos los partidos de su vida, y no sólo los que le dan patadas durante 90 minutos a sus contrincantes para que sepan quién manda en la cancha”, entonces para llevar la camiseta de la selección tienes que llevar esas palabras grabadas en el alma, o si no, se te va a notar, y no hay forma de que representes a un país entero si no lo mereces.
-          3 meses antes de haber viajado al campeonato mundial, falleció el profesor Ramiro Moisés Álvarez, ¿Qué significó su partida, y qué significó tener que jugar esos partidos, los más importantes de todo este proceso, sin él?
JN: Un año antes, cuando estábamos en la última etapa de la clasificación, ya nosotros estábamos dentro, y él me llamó y me dijo que estaba enfermo, que creía que no iba a llegar al mundial, me pareció una locura, en últimas la única razón por la que habíamos logrado estar en el mundial era él, y me dijo que no iba a poder vernos entrar con la camiseta en el campo de juego, pero que quería que se mantuviera intacto el espíritu que nos había llevado de entrenar en una cancha prestada en Santa Marta a conquistar la mirada de muchos países, porque había sido un espíritu de fidelidad a lo que de verdad somos nosotros. En esa llamada me recordó el día en que se acercó para hablarme en el colegio, cuando lo conocí, cuando yo quería ser como eran los otros, cuando todos nos queríamos parecer a los extranjeros con sus modas y sus ilusiones, y hoy sabemos que esta camiseta significa que queremos ser nosotros mismos, que no queremos parecernos a nadie, que queremos ser los representantes de un país de verdad. Cuando murió, ya creíamos estar preparados, pero fue la prueba más dura de fuerza y valentía, porque sólo íbamos a honrar a ese hombre siendo el mejor equipo entre todos esos países desconocidos, que nos miraban como a unos muchachitos inexpertos, nos convencimos de que empezábamos los partidos ganándolos en el corazón o ya estaríamos derrotados, y por eso en el primer partido del campeonato mundial, decidimos calentar dando la vuelta olímpica siete veces alrededor de la cancha, mientras en el banco nos alentaban con pitos, gritos y canciones, así, cuando pisamos el terreno de juego, ya estábamos convencidos de que teníamos todo lo que necesitábamos para ganar. Incluso, en el partido más difícil de todo el campeonato, contra la selección de los 5 Reinos, que tuvo muchos minutos de adición en los dos tiempos, y dos tiempos suplementarios, al punto de que estábamos todos los jugadores en la cancha jugando como si los cronómetros se hubieran detenido, no hubo un solo miembro del equipo que se quedara quieto hasta que fue posible anotar el gol de la victoria. Ése es el carácter que quisimos tener entre nosotros, porque es el carácter que tiene nuestra gente en el país, gente que resiste, que lucha, que se queda hasta el final, que usa toda su genialidad y su fuerza para salir adelante, en últimas, todos los partidos fueron una manera de rendir homenaje a nuestro Moiche pero también al pueblo que él quería inspirar, recordándonos a todos que no estamos hechos para vivir en el último lugar, que nadie en nuestra tierra debe sentir que no ha clasificado.
-          Por último querido Josué, estando tan orgullosos como estamos de haber visto esas imágenes tuyas con la copa del mundo en la mano y sabiendo que es un reflejo de un largo proceso, que inició allá, al otro lado del desierto, ¿Qué quieres decirle a todas esas personas que siguieron uno a uno los partidos, que sufrieron minuto a minuto, que en éstos días celebraron la victoria y que con orgullo también llevan puesta esa camiseta que ustedes llevaron hasta ese lugar que parecía imposible de conquistar?
JN: Quedan muchos partidos por ganar, porque todavía tenemos que demostrar que somos un país digno de llamarse campeón. No se trata solamente de que once jugadores en una cancha hagan el trabajo de millones de personas, se trata de que todas las personas sientan que son uno de los once jugadores, que sepan que lo son. Los mejores partidos se ganan cuando no nos apartamos de lo que somos, cuando no intentamos vivir como viven los países de derecha o de izquierda, por muy envidiables que nos parezcan, porque nuestra tierra y nuestra raza tiene mucho valor, y tiene valor por toda la gente que está allí, desde los palabreros que enseñan y resuelven conflictos más allá del desierto, hasta los que dictan las leyes a las que todos debemos obedecer. No puede haber ley que no sea como decía el profe Moiche: jugar para la vida y no para la muerte.

(Fragmento del libro: Felicidad comienza con Fe)

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