Ir al contenido principal

Ya duerme dios (Lc 2, 6-7)

Ya despertarás
Ya aprenderás a tomar en tus manos la leche y la miel
Ya correrás por entre las piernas de todos en la caravana hacia la fiesta
Ahora duerme. 

Ya abrirás los ojos
Ya harás los amigos con los que cantarás otras canciones
Ya me pedirás que te muestre qué hay dónde la luz falta
Ahora déjame arrullarte. 

Ya te irás de aquí
Ya abrirás camino para que los zagales que hoy ríen sean pastores de los que lloran
Ya podrás repartir tu chocolate y tu pan a los que te escuchen con tanta hambre.
Ahora vamos a arroparte.

Ya harás nuevas todas las cosas
Ya perdonarás lo imperdonable
Ya cederás todos los puestos de la fila para ir uno por uno limpiando los pies de todos
Ahora besaré tus manos aún intactas. 

María mira al cielo, ya rasgado, y comprende que Yavé mismo está entre pajas, frente a sus ojos, y que toda la ayuda que hoy necesita, es que le canten una canción para dormir.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Orden Ejecutiva (Mc 4, 35-41)

El 31 de enero de 2026 Finda irá a misa por ser el día de santo de su amigo Bosco Arévalo, que no fue llamado así por el santo Juan, sino por el rudo personaje de 'Los Magníficos', pero nombre es nombre y día de santo es día de santo. Será la tercera o cuarta vez en sus veinticuatro años de existencia que sus rodillas se doblen en un templo de la religión católica, sin intención de devoción ni solemnidad, sino por el efecto acústico de la voz de su madre que le repite cada cierto tiempo en su cabeza que la mejor forma de evitar ser juzgado por extraños es imitándolos. Lo que sí hará por devoción, como cada mañana desde que pise el improvisado campamento para sobrevivientes en Boca de Cupe, será la oración sunita de protección contra los enemigos, que no es necesariamente la que corresponde a la salida del sol pero es la que usó repetidas veces la primera vez que intentó salir de Sierra Leona, después de aquella temporada de mareas en las que el océano se tragó la mitad de Nyang...

La carta de Baltasar (Mt 2, 1-12)

Mi amada Najma: Junto a cada letra de esta carta te envío paz y el deseo de que el suelo sea siempre generoso con tus pies. Te recuerdo en cada jornada de camino, Veo la línea de tu rostro en cada cada colina, y siento el aroma de tus manos en el aire que entrega cada flor que encuentro en este viaje. Había querido escribirte días atrás pero mis compañeros y yo tuvimos que cambiar la ruta por la que regresaremos y eso nos obligó a recorrer lugares nuevos y desconocidos a los que espero volver de tu mano. Tus ojos merecen ver lo que he visto. Desde que andaba con mi padre en las caravanas reales, aprendiendo de él las artes del consejo y la premonición, mis ojos se acostumbraron a la repetición y la rutina. Los hombres que dan órdenes o dirigen pueblos y ejércitos, los que acumulan más allá de lo que se puede disfrutar, los que retienen ideas, conceptos y tradiciones solo con el fin de embriagarse en su propia inteligencia, los arrogantes de la moral, que se usan a sí mismos como vara p...

El otro Gabriel de la Navidad (Lc 2, 1-20)

No son mías. Ni estas ovejas que cuento para poder dormir, ni esas estrellas que cuento para poder soñar. A mí no me tocó la parte de la vida en la que uno tiene, sino esa otra en la que uno cuida lo que tienen otros. Por aquí la única alegría es mantenerse rodeado de animales – que siempre se sabe cómo son – porque cuando hay que ir al pueblo a rodearse de personas, ni me miran, ni me escuchan, y éstas manos hace rato no saben lo que es un saludo porque a nosotros la impureza no nos la quitan ni bañándonos siete veces en el Jordán. Ese era su libreto, su consigna, que repetía una y otra vez para intentar justificar su insatisfacción, su sequedad. Pastor como su padre, como el padre de su padre y como todos esos ancestros de los que no sabremos nunca el nombre y que pasaron su vida entre ovejas y cabritos, Gabriel no era lo que podríamos llamar un hombre amargado, era más bien un hombre incompleto. O más precisamente, un hombre con una profunda sensación de incompletitud, una que ni K...